miércoles, 7 de octubre de 2009

Un simple gesto

Un día Mark caminaba a casa desde la escuela, cuando notó que un muchacho que iba delante tropezó y tiró todos los libros que cargaba, junto con dos sacos de lana, un bate de béisbol, un guante y una pequeña grabadora. Mark se arrodilló y ayudó al muchacho a recoger todos los artículos que estaban regados. Puesto que iba por el mismo camino, le ayudó a llevar parte de la carga. Mientras caminaban, Mark descubrió que el chico se llamaba Bill; que le encantaban los juegos de video, el béisbol y la historia; que tenía muchos problemas con las demás materias; y que hacía poco tiempo había terminado con su enamorada.

La casa a la que llegaron primero fue la de Bill, y este invitó a Mark a tomar un refresco y a mirar un poco de televisión. La tarde transcurrió placenteramente, rieron y conversaron un poco, y después Mark se fue a casa. Continuaron viéndose en la escuela, y almorzaban juntos de vez en cuando. Luego terminaron el ciclo básico. Finalizaron en el mismo colegio de secundaria, en el que habían tenido breves contactos a través de los años. Entonces llegó el tan esperado último año, y tres semanas antes de graduarse, Bill preguntó a Mark si podían conversar.

Bill le recordó el día que se habían conocido, hacía algunos años:

-¿No te has preguntado por qué yo llevaba tantas cosas a casa ese día?- preguntó Bill -. Como ves, limpié mi casillero porque no quería dejar ese desorden a otro. Había escondido algunas pastillas de dormir de mi madre, e iba a casa a suicidarme. Pero después de pasar algún tiempo juntos hablando y riendo, me di cuenta de que si me hubiera suicidado hubiera perdido esos momentos, igual que muchos otros que tendría en el futuro. Como ves Mark, cuando recogiste mis libros ese día hiciste mucho más. Salvaste mi vida.

(Recopilado de “Sopa de Pollo para el alma”, escrito por Jack Canfield)

Estimada colaboración de un amigo entrañable, Walter Bazalar

jueves, 1 de octubre de 2009

Disfruta de la vida

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.

Tenemos para gozar del frío del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Ibérica, el pan francés, el jamón serrano, los tacos mexicanos, el vino español, las olas en verano y la selva del amazonas. Gritar con el fútbol de los brasileños, conversar con mate argentino, reir en las parrillas con los amigos, un buen mojito y los juegos de dominó.

Disfruta de Las Mil y Una Noches, el Quijote, Cien años de soledad, los boleros de Manzanero y las poesías de Vallejo y Quevedo; ser universal con la música de Mozart, Beethoven, los violines de Pagannini, las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso, Miguel Angel. Ser humano con las canciones de Silvio y Mercedes. Sentir como un niño ante Dios en su magnífico universo.

Dsfruta una buena pasta y un suculento ceviche, el pisco y el brandy, entre tantas maravillas.

Hay que disfrutar de las rodillas llenas de hijos y llenar de besos las manos de la mujer que sueña contigo.

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.